viernes, 13 de diciembre de 2013

QUERIDA ALCALDESA

Cuando veo a Ana Botella  no puedo evitar evocar mi pasado infante, cuando iba al colegio. Ana me recuerda a aquellas alumnas brillantes que sacaban 10 en los exámenes, que gracias a sus padres, iban inmaculadas a clase (para ellas todos los días eran días de comunión) y solían ser muy introvertidas como si tuvieran el precepto de no mezclarse con la chusma que compartía aula con ellas.

Alguien pensará: "¿Alumna brillante?". Y yo digo, sí. Podía ser una de esos estudiantes que no se planteaban problemas a sí mismos, no cuestionaban lo que el profesor decía y poseían la capacidad de repetir como un papagayo todo lo que estudiaban en esas interminables tardes que no usaban para la diversión que un niño de esa edad podría necesitar. Recuerdo que tenía compañeros que jamás salían de sus "cúbiles" entre otras cosas porque eran obligados por sus padres a estudiar de manera enfermiza.

En los últimos tiempos Botella ha protagonizado esperpentos que debemos agradecer al "rojeras" Gallardón que tras una campaña electoral larga, cara, cansina y llena de promesas, ilusiones y descalificaciones dejó su puesto a Botella para irse de ministro con Rajoy, que al fin y al cabo es un puesto con más glamour y poder que el de alcalde. No preguntó si estaba bien o estaba mal, imagino que tomó como ejemplo a Miguel Sebastián que con sus cojonazos y en plena campaña soltó: "Si no soy alcalde no me quedaré a hacer oposición".

Volviendo a Botella tengo que decir que es un filón para el pitorreo y también para el bochorno. ¿Quién no se descojonó al escuchar su ridículo discurso ante el COI? Pero tras la carcajada a uno le viene el llanto, sobretodo, al madrileño. No olvidemos que Botella es la representante de unos ciudadanos que deberían sentirse abochornados por haber elegido unas listas donde Botella ocupaba los primeros puestos. ¿Qué pensará el mundo de los madrileños? Puede que ese no sea el peor de los males, el qué dirán, si no la deuda que ha dejado a los ciudadanos el PP de Madrid con sus sueños olímpicos.

Botella no escribió el discurso, eso es cierto, aunque ella tenía que haber dado el visto bueno a lo que iba a decir antes de pagar un dineral al paisano que lo creó. Pero es que el dinero que se derrochó allí en Argentina los días que duró aquello de la elección olímpica no era suyo, ni tampoco el que se despilfarró aquí en infraestructuras, ella no cuestiona cosas paga muy bien a muchos asesores para que lo hagan por ella, y los paga muy bien, como el dinero no sale de su bolsillo...bueno algo sí sale que ella también es madrileña aunque viva fuera de Madrid.

Ahora nos dice que la reforma laboral es el mayor avance de la humanidad, pero riámonos peras y manzanas ¿para qué vamos a tomarla en serio? Ya sabemos que no piensa lo que dice, simplemente repite lo que le cuentan que tiene que decir. ¿Habrá algún asesor que le diga lo que tiene que decir? Es posible y también es posible que haga caso a su marido, ¿qué mejor asesor que el presidente del "milagro económico?
Todos los tertulianos de derechas defienden a Aznar, lo ensalzan, "el mejor presidente de la democracia" alegan, un cerebro sin igual que jamás se doblegó ante el movimiento vasco de liberación y que no cedió terreno a los nacionalistas con los que gobernó en la intimidad, esos tertulianos que me recuerdan al chivato de la clase aseguran que Botella critica la política del PP porque es Aznar quién habla a través de ella pero que para todo lo demás, que es mucho, es simplemente Ana.