sábado, 15 de octubre de 2011

CAPÍTULO III

Esa noche apenas pude dormir. El dolor de la familia del vecino muerto se colaba a través de la fina pared común de su piso con el mío y oía perfectamente el llanto y los gritos de la viuda, una mujer mayor de unos 70 años de edad que maldecía su mala suerte, desconsolada, desafortunadamente los familiares no acertaban a calmarla.

Los lamentos duraron hasta altas horas de la noche y cuando me cansé de dar vueltas en la cama intentando conciliar el sueño me fuí al salón y encendí la tele. La TDT ofrecía muchos canales y un abanico muy estrecho de contenidos, a esas horas el abanico se estrechaba aún más. Los timos campaban a sus anchas por casi todos los canales, videntes fantoches y putas presentando concursos amañados de adivina la palabra lo copaban casi todo, menos el canal 24h...todavía recuerdo cuando había menos oferta en televisión pero al menos uno podía cascársela viendo algún canal local viendo porno de tercera categoria o con la codificación del canal+, al menos se usaba la imaginación... La verdad es que la programación de ese dia me parecía más pornográfica que el sexo.

La televisión no me ayudó mucho a conciliar el sueño; muertes, desgracias y desigualdad se turnaban en orden de aparición en el telediario de madrugada. Muertes...qué cerca había pasado la muerte ese día. Me volvió a la cabeza la puta carta con la bromita. ¿Qué ganaba el personaje que la escribió si no podía ver mi miedo? Porque yo empezaba a tomarme aquello en serio y las horas que eran alimentaban mi imaginación y sugestionaban mi interior removiendo la incertidumbre y la ansiedad.

Abrí la "casablanca" y saqué una litrona, podría ser que el alcohol me embotara un poco para que me ayudara a dormir pero el caso es que me la tomé divagando sobre la amenaza, bajé el volumen de la televisión e intenté escuchar alguna conversación de la casa del muerto.
El vecino era mayor que su mujer, al parecer tenía los achaques propias de su edad pero no estaba enfermo, yo lo había visto moverse con cierta soltura a pesar de subir por las escaleras con bolsas de la compra. No era capaz de coger muchos detalles pues había un poco de caos y bastante gente en la casa, deduje que el muerto estaba en el anatómico forense donde le estarían realizando la autopsia, algunas vecinas pululaban por alli para consolar a la viuda y porqué no, para alcahuetear un poco.

Puse los pies sobre la mesa para relajarme, con una mano en el litro y otra en los huevos, volví a subir el volumen del televisor y apagué la luz de la lamparita que estaba junto al sofá. Suspiré, y bebí un largo trago de cerveza mientras las imágenes se sucedían en la pantalla, las miraba y no las prestaba atención, solo pensaba y pensaba. Miré el reloj, marcaba las 3 de la madrugada, le di otro tiento al litro y lo acabé. Tras un gran eructo decidí irme a la cama pero primero tenía que parar por el retrete, oriné largamente y tuve un escalofrío cuando acabé.

Me tumbé en la cama preguntándome cual podría haber sido el motivo del óbito del vecino. Podría haber preguntado a la familia pero jamás crucé siquiera un saludo con esa familia, podría haber preguntado a algun otro vecino pero no quería parecer una portera. Lo más probable es que hubiera palmado de viejo.

Escuché unos pasos que subían por la escalera, eran de varias personas, seguro que llevaban zapatos por el sonido de la suelo contra los peldaños de madera. Llegaron a mi piso y atravesaron el rellano hasta el piso del muerto. No escuché el sonido del timbre, la puerta estaría abierta. Se hizo un silencio que no entendí y alguien preguntó por un nombre, supuse que ese nombre era el de la viuda.

_Buenas noches, señora García. Soy Jorge Matallana, inspector de policía_.

Esto me puso los pelos de punta y me levanté a comprobar si el cerrojo estaba echado.

2 comentarios:

  1. Contar algo de tal manera que uno crea que esta alli, es muy complicado, bien hecho,

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  2. Muchas gracias por leerme Clavi, me alegra mucho que te guste, un saludo!!!!

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