martes, 4 de enero de 2011

¿Sabes contar?

Homer Simpson dijo una vez:"El mundo se divide en 3 clases de hombres: los que saben contar y los que no". ¿En qué grupo te englobarías?
Antes de todo este asunto de la crisis dábamos por hecho que la sociedad española sabía contar pero la dura realidad nos ha demostrado todo lo contrario. El español medio con una edad en estado de emancipación daba vueltas a su cabeza pensando en como salir de casa en igualdad de condiciones que lo hicieron sus padres, salir como dios manda, casado y con piso en propiedad. Hay que decir que esos padres de los que hablo no lo tuvieron fácil pues aunque los precios de las casas eran pseudoasequibles los intereses de los créditos estaban a la altura de los créditos que dan ahora cofidis y sus sucedáneos.
El tipo se casaba, y al banquete asistían muchos amigos que detestaba y muchos familiares de los que desconocía nombre, sexo y parentesco que dejaban un buen pellizco económico por ser invitados a semejante marrón. Y cuando los casados rompían a martillo el bloque de cemento donde se alojaba el donativo del banquete sus ojos tornaban a ser símbolos de dólar, y se pusieron a contar.
_"Si mis padres pudieron, yo también"_ un pensamiento de entrada razonable.
Entonces el español se puso a contar, 200.000 euros de casa, siguió contando y 18.000 euros de coche, contó de nuevo y concluyó: tendré que tener descendencia y tuvo hijos (más pasta), siguió contando y compró un móvil por cada miembro...vicios como fumar, juerga, viajes, combustible y la cuenta seguía y seguía. Y seguía porque él tenía un trabajo indefinido y a ella le habían prometido serlo en poco tiempo, asi que fueron al banco y pidieron mucho dinero para pagar todo lo que iban a necesitar y el banco viendo nóminas, pidiendo avales y guardándose las espaldas lo daba alegremente...y asi pasaron los años hasta que un día se dieron cuenta de que no sabían contar pues no contaron con que todo es efímero.
No contaron con que la palabra indefinido en un contrato no significa eterno.
No contaron con que con un coche de 10.000 euros te mueves igual que con uno de 18.000.
No contaron con que el tener un hijo es un lujo digno que aquellos que pueden tener tiempo para disfrutar de ellos.
No contaron con que al cambiar de trabajo no siempre se gana el mismo dinero que en el anterior.
En definitiva, no contaron con su instinto, se dejaron llevar por lo que la sociedad les obligaba a hacer para ser realmente felices, ser bien vistos y bien hallados. Se fiaron de la clase política que dirije nuestros destinos de manera tan banal, tan superflua, tan alejados de la realidad que se dejaron llevar por unas personas tan incompetentes como incapaces.
El español que hizo esto culpa a la clase política del desastre, de la crisis, de su pobre desdicha y no se mira el ombligo.
¿Tan tontos hemos sido como para utilizar el 80% de nuestros ingresos en pagar casa y coche?
La respuesta es sí y ahora nos toca apechugar, pero somos españoles y preferimos arder en el infierno antes que reconocer ni uno solo de nuestros errores, antes que reconocer que no sabemos contar.
Y tú, ¿sabes contar? Yo cuento ovejas cuando voy a dormir, y cuento las horas que me quedan para salir de currar (sea el curro que sea), cuento historias que veo y otras que me invento, cuento con mi chica y con mis amigos para realizar cosas que me gustan, cuento con el cariño de mi familia, cuento interiormente cuando me ponen de mala ostia...cuento sobretodo con las circunstancias que rodean todo cuanto hago porque no todo sale como quiero, no todo lo domino y no todo lo controlo. Debo contar con el caos que me rodea y observo lo que me conviene y lo que no, cuento con mi instinto y la inestimable ayuda de mis seres queridos y puedo contar que, a pesar de la crisis, de la lejanía de mis veteranas amistades, del lastre en forma de casa en la Mancha que me atormenta cada noche, de no encontrar local para satisfacer mi gran hobby musical y de estar en paro en una ciudad con pocas espectativas profesionales, a pesar de todo esto puedo contar que soy una persona muy afortunada.
Sé que no soy ni el más guapo, ni el más fuerte, ni el más rico, ni el más guay de la panda pero al menos sé contar, y eso eso hoy día no es baladí.

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